Agosto de 1969. El mundo se conmocionó por los asesinatos perpetuados por La familia Manson. El líder psicópata, uno de los asesinos más conocidos del mundo, influyó en los terribles actos que lo convirtieron a él y a su comuna, tristemente, en parte de la cultura popular occidental.

Año 2016, una autora estadounidense sorprendió al mundo al lanzar su primera novela The Girls (Las chicas), en la que retomaba la historia de La familia, cambiando nombres, protagonistas y algunas situaciones; lo más interesante: el relato no se centra en el personaje del despiadado homicida, sino en las mujeres que lo acompañaron, quienes se mancharon las manos de sangre por él y no dejaron de sonreír durante el juicio.

¿De qué trata este libro?

Evie tiene 14 años en el verano del 69 y sobrelleva los problemas típicos de la edad: no es niña, pero tampoco mujer; tiene problemas de inseguridad, no se siente sobresaliente en algo, tampoco es espectacularmente bella, al menos desde su perspectiva; se siente sola en el mundo, incomprendida por sus padres divorciados, necesitada de atención. No encaja en ningún lugar. Hasta que un buen día, en el parque, se siente atraída por un grupo de chicas; van riendo, descalzas, con un aura de despreocupación y descuido salvaje. Ausentes en el espacio, de miradas penetrantes. Inmediatamente, Evie se queda prendada de ellas. Especialmente, de Suzanne.

Volví la mirada por las risas, y seguí mirando por las chicas.

Jugaban con una línea muy frágil, belleza y fealdad al mismo tiempo; una oleada de atención las siguió por el parque. Las madres buscaron con la mirada a sus hijos, llevadas por algún sentimiento que no sabrían identificar. Las mujeres cogieron a sus novios de la mano. El sol despuntaba entre los árboles, como siempre – los sauces soñolientos, las rachas de viento cálido soplando sobre las mantas de pícnic-, pero la familiaridad del día quedó perturbada por el camino que trazaban las chicas a través del mundo corriente. Gráciles y despreocupadas, como tiburones cortando el agua.

Suzzane, con su largo cabello negro, rostro insondable. Indómita. No es guapa, pero tiene una personalidad tan extraña y exótica que es descrita por Evie de la siguiente manera:

La chica no era guapa; me di cuenta al verla otra vez. (…) Su cara tal vez fuese un error, pero había otro proceso actuando allí. Y era mejor que la belleza.

Susan Atkins, una de las seguidoras de Manson, en quien probablemente está inspirado el personaje de Suzanne.

La fascinación que siente Evie por Suzanne crece día con día. Una tarde, al sufrir un percance con su bicicleta en la carretera, es recogida por Suzanne y las chicas, quienes viajan en una van negra, y le hacen una invitación a conocer el rancho en el que viven con un grupo más grande. Ésta es la primera vez que le hablan del líder de la comuna, un hombre por el que expresan profunda devoción y ciega obediencia: Russell.

Entendí, sin que nadie llegara a decirlo, que todas se acostaban con él.

Poco a poco, dentro de la secta, Evie irá cambiando su manera de vestir, de hablar; caerá en una vorágine de excesos, drogas psicodélicas, sexo descontrolado. Mientras que observamos su transformación, acompañados de una narrativa seductora y envolvente, de luces rojas y despertares sensuales, un horror sinigual irá tomando forma, elevándose, hasta desencadenar en una versión no muy distinta de los siete asesinatos orquestados por La familia Manson, entre ellos el de Sharon Tate, Leno Labianca y su esposa.

Al mismo tiempo, damos saltos en el tiempo para conocer a una Evie que ahora es una mujer madura. Vemos cómo es su vida después de las terribles decisiones que cometió.

¿Qué es lo mejor de este libro?

La inteligencia con que está escrito. Las chicas es hipnótico. Quizá lo más plausible es la documentación previa que tuvo la autora para escribir su obra; se nota en cada página. Las similitudes de la comuna de Russel con la situación que vivía La familia en el Rancho Spahn son terriblemente semejantes.

El tiempo era confuso en el rancho: no había relojes de pared, ni de pulsera, y las horas y los minutos parecían una cosa arbitraria, días enteros se escurrían en la nada.

Evocaciones de un pasado, atroces verdades

Emma rescata la esencia de ensueño de la época de los sesenta, el idealismo, la búsqueda de libertad en cada recoveco. La autora es voraz con la pluma, pero no por eso da tragedia sobrada. Se mantiene al margen de lo grotesco, protege a su protagonista de cierto modo. La escritora conoce como la palma de su mano la complejidad de la psique humana. Una terrible verdad es lanzada sin cautelo: no todas las malas decisiones que tomamos en la vida sirven para aleccionarnos, algunas simplemente nos destruyen.

La noche empezó a mostrar sus bordes deshilachados. Roos iba desnuda de cintura para arriba, con los grandes pechos enrojecidos por el calor. Sumida en largos silencios. Un perro negro se adentró trotando en la oscuridad. Suzanne había desaparecido para ir por más hierba. Yo no dejaba de buscarla, pero me distraían las luces y el alboroto, los desconocidos que pasaban bailando y me sonreían con una amabilidad sin reservas.

Empoderamiento femenino

El valor feminista que adquiere, página tras página, este libro es increíble. A pesar de que gran parte de Las chicas tiene lugar más de cuatro décadas atrás, los conflictos y sobajamientos que viven las mujeres de esta historia son realidades con las que podemos identificarnos hoy en día. La novela está plegada de frases de este estilo:

Pobres chicas. El mundo las engorda con promesas de amor. Cuánto lo necesitan, y qué poco recibirán jamás la mayoría de ellas. Las canciones pop empalagosas, los vestidos descritos en los catálogos con palabras como “atardecer” y “París”. Y luego les arrebatan sus sueños con una fuerza violentísima; la mano tirando de los botones de los vaqueros, nadie mirando al hombre que le grita a su novia en el autobús.

Debería haber sabido que cuando los hombres te advierten de que vayas con cuidado a menudo te están previniendo de la película oscura que les pasa a ellos por la cabeza; alguna ensoñación violenta que les impulsa a exhortarte con culpabilidad a volver sana y salva a casa.

No obstante, a pesar de recalcar la sumisión de las chicas de esta historia y el grado de manipulación tan bestial del que eran víctimas, se rescata una premisa importante:

Incluso al final las chicas habían sido más fuertes que Russell.

Obsesiones que no esperas 

Un amor compulsivo que no es el que podrías imaginar al leer por primera vez este libro. Las Chicas nos muestra la historia que todos conocemos, desde un ángulo íntimo y diferente.

¿Y lo peor?

¡Nada! Tal vez, que la emoción de leer Las Chicas por primera vez no dure para siempre.

La autora

Emma no tiene ninguna red social, tampoco un smartphone. A pesar de tener tan sólo 28 años (26, cuando escribió Las Chicas), su mirada es sabia, su semblante sereno; incluso la ropa que viste posee la sofisticación de un tiempo remoto, no del nuestro. Cualquiera que la mire puede darse cuenta de que es alma vieja en cuerpo joven, cosa que se refleja a la perfección en su narrativa. En entrevistas pasadas, ha confesado sentir una fascinación por el tema de las sectas, especialmente por la de La familia Manson, pues, al ser de California, creció con esas historias. Emma Cline se postula como una de las grandes voces de nuestra generación, y quizá también de la literatura estadounidense.

Opinión personal: El timing no pudo ser más extraño. Terminé de leer este libro justo cuando dieron la noticia de la muerte de Charles Manson, el pasado domingo 19 de noviembre. Las Chicas es un libro que me ha intrigado desde hace año y medio; estuvo 8 meses esperando, paciente, en mi librero. Sabía que debía tomarlo en el momento en que me sintiera lista, pues estaba segura de que me cautivaría por completo, y era un placer que quería prolongar. ¡No me he equivocado! Una gran novela Becoming Of Age que tiene como trasfondo un ambiente macabro.

¡La película ya está en producción!

 

 

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